Luna

 

INTRODUCIÓN:

Hay momentos en la vida que el destino es caprichoso y nos juega unas malas o buenas pasadas. Nos empeñamos en que tiene que ser así y no nos damos  cuenta de que las líneas escritas para nuestra vida es lo contrario.  Aun así, tenemos la cara preparada para recibir todas las hostias que vengan, sin embargo, cuando nos está abofeteando, seguimos pensando que queremos lo otro a pesar de lo que piensen los demás. 

¿Nunca habéis pensado que muchas de las cosas que nos pasan ha sido porque nosotros mismos lo hemos provocado? Hemos contrariado al destino pensando que era lo mejor para nosotros y el tiempo ha hecho vernos que la próxima vez debemos de saber saltar la piedra y no cogerla y meterla en la «mochila.»

He de decir que, esta que os está escribiendo aprendió, porque la espalda me dijo: “majeta o empiezas a soltar pedruscos o me rompo y te destrozo de por vida» y, sí, hice caso al destino, mi espalda, mente, cuerpo y todo lo que tiene que ver conmigo mejoró y desde hace tiempo afronto con naturalidad las cosas que me vienen. Ahora uso un carrito con ruedas…

Ahora sí, os dejo con mi nuevo relato, Luna. Espero que os guste y lo disfrutéis.

Si queréis dejar comentarios, me haría mucha ilusión, porque así puedo contestar y ver vuestro punto de vista.

¡Feliz lectura!

 

LUNA

 

31 de agosto de 1950

Llegaba el fin de verano y como cada año todos los jóvenes se juntaban para despedirse del verano.

Silvia y Andrés llevaban tres veranos observándose. Ella sabía que él era de Barcelona y Andrés que ella era de Madrid, aunque nunca habían hablado; ambos pensaban que si el destino les había hecho coincidir en Gandía les juntaría de alguna forma.

La música sonaba en la pequeña pista de baile del pueblo. El tocadiscos jugaba el papel principal entre los asistentes, porque era el encargado de los movimientos de los vestidos al son de la música.

La cintura de ella se veía más esbelta por la forma que le hacía el cinturón. Sus pechos vírgenes marcaban el paso de los años anteriores demostrando que ya no era una jovencita, sino una mujer. 

Andrés cada verano aparecía con una chica diferente que se traía de la ciudad, pero esta vez fue solo, esa noche sería para ella, porque ya no la vería en dos años. Se iba al servicio militar.

Silvia estaba impresionante. Sus amigos habituales no la reconocieron ya que había cambiado su forma de vestir.  Solo él supo que era ella porque su corazón se disparó y se abrió camino con decisión. Algo ocurrió, frenó en seco, al ver como un brazo rodeó su cintura y recibió un beso de un chico en la mejilla. Reculó y se escondió avergonzado en su caparazón. 

Ella buscó y buscó por la pista, por los asientos, pero él ya había desaparecido. Con mucha decepción, pero por otra parte tranquila, agarró de la mano a su acompañante y se fueron a bailar a la pista.

Con el primer acorde de la canción Que bonita es mi niña de Los Gaditanos, ella saltó emocionada a la pista y se olvidó que estaba rodeada de gente. Andrés al presenciar esa escena, le fue imposible dejar de sonreír.  El compendio de verla bailar, la letra y sus ganas de besarla, le produjo un gran deseo de salir corriendo hacia la pista, pero no podía. 

Cuando vio que el chico se fue al baño no se lo volvió a pensar y aprovechó su oportunidad. Ahí estaba él, frente a ella. Silvia abrió sus ojos y se topó con su amor platónico. Era él. Le tenía justo enfrente y no dejaba de mirarla. Tres veranos soñando con ese momento. Tres años imaginando cómo su mano acariciaba su cuerpo y experimentaba el mejor de sus viajes sola. Tres años mimándose a sí misma, mientras se preparaba para el momento.

Ambos se regalaron una sonrisa y sin decirse nada, le agarró de la mano y salieron corriendo. Entre risas y suspiros, llegaron al escenario donde ocurriría todo. 

Él agarró su cara con sus manos y lentamente comenzó a besar sus labios. El deseo se disparó entre ellos y el vestido blanco  cayó sobre la arena. Sus pechos invitaban a ser saboreados. Ella echó su cabeza hacia atrás y soltó un gemido de placer.

Ambos cuerpos sintieron el calor del pecho ajeno. Estaban a punto de ser una única persona. Los ojos llenos de amor de ella buscaban constantemente los de él, porque tenía la necesidad imperiosa de que supiera en todo momento lo que estaba sintiendo.

Con mucha sutileza, él la colocó encima de su vestido para que no sintiera el frescor y humedad de la arena. Mientras él iba besando cada poro de su piel, ella iba narrando a la luna cada sensación, placer, sentimiento y felicidad que estaba experimentando. Se había convertido en su confidente. Dio la orden para que las olas del mar tocaran la mejor banda sonora para esa escena e hiciera que todo fluyera con pasión.

Llegó el momento de estar unidos. Ambos se miraron y sellaron esa mirada para siempre. Hicieron acto de presencia los jadeos, movimientos compenetrados, gotas de sudor llenas de pasión y besos alocados. Todo desembocó en una lluvia de placer. Justo en ese momento, ella abrió los ojos y le regaló todo. Compartió con él su éxtasis. Gimió y gimió hasta sentir como su cuerpo se llenaba de él. 

Con el primer rayo de sol y bañándose en el mar, hicieron una promesa: pasara lo que pasara, en dos años volverían a ese lugar. Mismo día y misma hora.

 

31 de agosto de 1952

Eran las once de la noche y habían pasado tres horas de lo acordado y las olas esta vez no sonaban igual que hacía dos años. El choque contra las rocas era con más fuerza demostrando su enfado y decepción con la situación. 

Allí estaban esperando: el mar, la luna y las rocas. Los únicos testigos de la promesa. El trío cómplice de un amor inigualable y único estaban llorando. Habían sido testigos de muchos encuentros, pero como el de ellos, ninguno.

Después de esperar más de tres horas, Andrés decidió apoyarse en una roca que estaba justo en el lado contrario de donde ocurrió todo. Desde allí la vería llegar. 

Corriendo y sudando llegó ella. Eran las doce y media de la noche. Su respiración era tan brusca que impedía que sus ojos se centraran en su búsqueda.

Esa noche la luna no iluminó lo suficiente para que ella le viera allí. Desilusionada, llorando y con el corazón roto anduvo desangelada en dirección contraria. Su sombra desapareció del lugar donde fue testigo de un adiós definitivo.

Silvia al llegar al hospital y ver a su hija Luna de quince meses dormida en la cama le abrazó y se puso a llorar. 

—Mamá, sigue con fiebre.

—Sí. Tranquila, recuerda que el médico nos ha dicho que en un par de horas le bajaría.

Mientras que ella seguía tumbada al lado de Luna y comprobando que dormía bien, miró de nuevo a su madre y le preguntó:

—¿Tú crees que él ha ido y se ha cansado de esperar?

Sin contestar, se levantó y se dirigió hacia la cama. Las arropó, las besó y le susurró al oído: todo irá bien, hija.

 

1 de septiembre de 1952

Con el primer rayo de sol, él se despertó y al ver que estaba solo en la misma playa supo que viviría en un pueblo fantasma llamado, no pudo ser.

 

Gilda FLawan 

17 comentarios en “Luna”

    1. ¡Hola, preciosa!
      Mil gracias por tus palabras. Esta historia tiene lo suyo. Y, sí, tienes unas escenas muy buenas. Me alegro de volver y de leer vuestros comentarios. Ya me acordaba de lo que se siente. Un besazo enorme.

  1. Bonita historia. De cómo algo efímero, puede cambiar el rumbo de tu vida o tu propio destino por el que estabas luchando….y sin ser consciente de ello.
    Impecable relato, donde se conjuga lo físico y lo espiritual en una descripción de escenas sublime.

  2. ¡Bienvenida de nuevo! Te extrañaba.

    Precioso relato con escenas buenísimas. Me he visto en la playa con ellos. Desgraciadamente estas cosas pasan también en la vida real. Tantas enamorados que no están juntos y tantas personas juntas que no están enamoradas…

    ¡Besazo!

    1. Hola, Carmen. Gracias por tus palabras y sobre todo, por contarme tu reacción al terminar de leerlo.
      Lo mismo no era el momento. Nunca sabemos que le depara el destino. ¿Y sí se encuentran cuando son más mayores y cuando más se necesitan?
      Un besazo. 😘

  3. Muchas gracias, Isabel. Así es la vida. Pensamos que es lo peor que nos está pasando y lo mismo dentro de unos años lo agradecemos. Nunca se sabe. Gracias por comentar. 😘

  4. Anna Maria Badia Cazorla

    Muy interesante relato………cuantas vidas cambiaron por una situación desafortunada como el que describes!!!
    Sigue con lo tuyo, tienes mucho potencial.

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