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La decisión

INTRODUCCIÓN: Cuántas veces nos hemos visto obligados a tomar decisiones involuntarias y después nos hemos arrepentido ¿verdad? Pues sí, son tantas que seguimos sin aprender.

En el terreno sentimental, igual que firmamos un papel donde nos dicen que estamos casados con esa persona y juramos amor eterno, fidelidad… bla, bla, bla… debería de existir un contrato privado entre la pareja. En él, deberían redactar sus propias necesidades para que no llegue a fracaso.  En el momento que ambos firman los papeles, ahí comenzará la vida en común.

Ahora yo lanzo una pregunta: ¿Qué pasa si la decisión que se toma luego te lleva al hundimiento personal? ¿o por el contrario, refuerza tu vida matrimonial?

Os dejo con la historia de Isabel y Esteban.

¡Feliz lectura!

   LA DECISIÓN

Esteban no daba crédito a lo que acababa de suceder. Para ser más sincero, no sabía qué había ocurrido. Se sentía bien. Estaba abducido por los sentimientos encontrados, pero no sabía lo que le iba a deparar el destino.

Isabel y Esteban llevaban casados cinco años. Para ella era su único matrimonio, ya que no había querido casarse antes. No por no haber tenido pretendientes, al revés, porque siempre ha ido sobrada. Su prioridad ha sido viajar. Conocer otras culturas, personas diferentes en sus viajes; disfrutar cada momento en ellos sin tener que dar explicaciones a otras personas. Siempre ha viajado sola y ha sabido llevarlo muy bien.

En la actualidad, tiene cincuenta y siete años. A pesar de haber ido cumpliendo esa edad, su belleza perdura en cada poro de su piel. Tiene la gran suerte de sumar muchas experiencias, vivencias…y todo ello se refleja en su fina piel. Cada arruga, en su rostro, nos revela una vivencia única.

Es muy carismática. Tiene un alto sentido del humor y le encanta saborear los dulces que le ofrece la vida. Sin embargo, muchas de las cosas de las que ha estado disfrutando en solitario, las ha cambiado por Esteban.

Siempre ha sido muy escéptica a vivir en pareja. Ha comprobado desde pequeña, que el día a día va destruyendo la magia de la vida. Dejaban de ser personas, para convertirse en robots de la vida. Sí, robots de la vida.

Vio a sus amigos, familia y otros conocidos, como el amor después del primer año se convertía en amor sin pasión. El fuego intenso fue bajando, hasta acomodarse en el séptimo peldaño de sus corazones. Por ese motivo tuvo muy claro, que no daría su vida a nadie hasta que estuviera preparada para ello.

Ha vivido todo lo que ha querido y más. Ha probado todas las sensaciones que se ha permitido y ha jugado con sus propios sentimientos, y siempre ha ganado ella.

Conoció a Esteban en un curso que le tocó impartir en la empresa de este. Habitualmente, pertenece a otro departamento, pero el destino quiso que fuera ella quién ocupara ese lugar, día y hora.

Esteban se casó con su única novia a los 22 años. Con ella conoció toda la vida. Vida sentimental, vida sexual, vida… Por mutuo acuerdo no tuvieron hijos. Esa decisión, les hizo la vida más fácil, pero no por ello más felices. Su vida en pareja había muerto a los pocos años de casarse, sin embargo, ninguno de los dos tomó la decisión de separarse. Su vida sexual, ay, pobre, terminó siendo más privada con él mismo que con el cuerpo ajeno de su mujer. Había sido educado de tal manera, que si no pasaba algo grave en el matrimonio, debería ser para toda la vida.

Según vio a Isabel, supo que ella iba a ser la siguiente en formar parte de su vida. Con su primera mujer le faltó de todo. Le faltó saborear los dulces de la vida. Le faltó viajar como si no hubiera un mañana. Le faltó entregarse juntos como si fueran las únicas personas en la vida. Le faltó todo.

Jamás había pensado en separarse, hasta que la conoció. Iradiaba frescura, vitalidad, pura energía, derrochaba alegría y él se enamoró con el primer tono de su voz. Se asustó, pero se dejó llevar. Estaba hambriento de aventuras, de sueños, de sexo; pero lo que más buscaba y necesitaba era cariño.

A Isabel le pasó exactamente lo mismo al escuchar los primeros acordes de su dulce voz. Se puso nerviosa y tuvo que abrir una botella de agua para calmar sus nervios. Jamás había sentido eso por nadie.

Al terminar el curso, ella dejó una tarjeta a cada asistente (estaba prohibido hacerlo) pero era la única manera de darle a entender que necesitaba saber de él.

Al despedirse, Esteban se acercó para darle las gracias. Según estrecharon sus manos, ambos se miraron a los ojos y se prometieron amor eterno de por vida.

Esteban lo tenía muy claro, tanto que al llegar a su casa ese mismo día, le pidió el divorcio a su mujer. Ella no puso ningún impedimento, es más, le hizo un gran favor. Al mes, ya estaban divorciados.

El mismo día que firmaron el divorcio de mutuo acuerdo, fue su primera cita de verdad con Isabel. Ambos estaban radiantes. El encuentro fue en casa de ella. Nada más abrir la puerta y mirarse fijamente, sus labios tocaron el sabor de la vida.

Para él, era su primera noche sin dormir experimentando el mayor placer de la vida. Disfrutaron horas y horas. Ella supo en todo momento lo inexperto que él era en el tema sexual, pero no le importó, ya que tendrían toda la vida para ir descubriendo sentimientos juntos.

Para ella también era la primera vez que hacía el amor enamorada. Sintió cosas que jamás había sentido con nadie. Se dejó llevar y se sorprendió por tan bonito sentimiento.

A los seis meses se casaron. Eran tal para cual. Se adoraban y se desvivían el uno por el otro. Eran la envidia de todos los amigos, pero cada uno tenía lo que se merecían, por eso ellos estaban juntos.

Su vida era plena, bueno, eso pensaba Isabel. Sí, os cuento:

En una conversación entre ellos, Esteban le cuenta que es inmensamente feliz con ella, pero siente que es un hombre desaprovechado. Ella le entendió a la primera, pero quiso que él, le hiciera un razonamiento lógico y que sudara de lo lindo.

Se puso nervioso al ver que ella no le decía nada y que ponía caras raras. Metió la pata en varias ocasiones y ella le ayudaba a salir de su propio agujero. Le puso en buen aprieto, hasta que lo soltó todo.

―Se que lo que te acabo de soltar sin ton ni son es muy desagradable, pero ni una sola palabra de la que he dicho va en contra tuya. Al revés. Contigo he descubierto cosas que jamás pensé que existían. He disfrutado en el sexo como nunca, pero me siento incompleto.

Solo he estado con dos mujeres, de las cuales, una no cuenta. Contigo creo que he descubierto toda la magia sexual, y me vuelve loco sentirte. Hemos hecho de todo y soy muy afortunado, ya que me consta que muchos de mis amigos, no han hecho ni una cuarta parte de lo que tú y yo hemos hecho.

Ella estaba tranquila por las palabras de Esteban. No sentía dolor por ello. Sabía perfectamente que su vida sexual era lo más entre ellos. Él era su complemento ideal.

Sabía perfectamente por lo que estaba pasando su marido, porque sus amigas decían lo mismo. Estaban atrapados en un mundo sexual ajeno al suyo.

Por una parte, él quería poder probar a otras mujeres, pero no quería hacerle daño. No sabía cómo explicar a Isabel que, el sexo era solo eso, sexo. En cambio, cuando ellos se convierten en una misma persona, es mágico y no quería perderlo por un capricho suyo.

A Isabel no le gustaba contarle las experiencias que había tenido con otras personas, porque veía los gestos en su cara y no podía hablar con libertad. Era consciente de lo mal que lo pasaba, pero él insistía y ella le daba gusto.

Cada vez que ella le contaba algo nuevo, terminaban haciendo el amor. Ella reproducía dichas posturas con su marido. Ambos disfrutaban muchísimo y para ella, era la manera de ofrecer diversidad a su amor.

Isabel no necesitaba nada de nadie que no fuera de él. Había tenido y probado de todo, pero lo que sentía con él era único. Ahora con lo que él le había transmitido tenía un problema. ¿Dejará que él pruebe a otras mujeres? O por el contrario ¿dejará que vuele?

Era la primera vez que no podía dormir y no por estar haciendo el amor con su marido, sino porque su cabeza le estaba jugando una mala pasada.

Esteban aún seguía sentado en la cama del hotel donde había pasado la noche con dos mujeres. No daba crédito a todo lo que acababa de suceder. Seguía anonadado, pero feliz de lo que había sentido con ellas. Era incapaz de entender como había sucedido y como se había dejado llevar, pero lo hizo.

«¿Ahora que, se lo vas a contar a Isabel o te lo vas a callar?» No es capaz de contestar, o no quiere contestarse, por lo que decide ir a la ducha y volver a recuperar su propio olor corporal.

Estaba de convención con la empresa y no volvería a casa hasta dentro de tres días, por ese motivo tendría tiempo de tomar la decisión. Ella le había entrenado bien para estos momentos y ahora si tomaba la decisión de no contarle nada, tendría que practicar cuando la mirara a los ojos. El resto era fácil, pero mirarla a los ojos sin que se diera cuenta le iba a resultar lo más difícil de su vida.

Llegó la hora de entrar a casa y saludar a Isabel. Por teléfono le había sido muy fácil, ya que no tuvo que pensar en ellas mientras estaba hablando con su mujer, pero ahora, ay, amigo…

Antes de abrir la puerta recordó el primer beso con ella y sintió un pinchazo en el estómago. Ese sentimiento hizo que, su mirada cambiara y volviera a ver a su mujer como la única en su vida. Esa noche hicieron el amor como siempre e incluso él demostró más saber de la materia y ella se dejó hacer. Ni preguntó ni nada, solo se dejaron llevar y disfrutaron como siempre.

Ya había pasado un mes y él no le dijo absolutamente nada. Las noches comenzaron a serle incómodas, y comenzó a dormir mal. No paraba de moverse, lo que nunca. Ella comenzó a preocuparse por él, porque nunca le había pasado antes. El alegaba problemas en la empresa y ella dejó de preguntarle.

Una noche, después de terminar de cenar, se pusieron a ver una película en la que una de las escenas era exactamente lo que él había disfrutado un mes anterior. Comenzó a moverse igual que lo hacía por las noches, hasta que se levantó y fue a vomitar.

Al ver cómo Isabel se preocupó por él y ver en su mirada como le quería, supo que debía de contárselo. Necesitaba compartirlo con ella y arriesgarse a perderla, pero ella no se merecía esto. Se armó de valor, la cogió de las manos y con más miedo que vergüenza comenzó a hablar:

―Cariño, me gustaría contarte una cosa y necesito tu ayuda.

Ella le soltó, puso su dedo índice en sus labios, le guiñó un ojo y le besó con dulzura.

Esteban no entendía nada, pero le hizo caso.

Isabel se levantó, se fue a la cocina, trajo dos cervezas y le dio una a él.

―Vamos a hacer un brindis, cariño. Por la vida, por los sentimientos, por las cosas que jamás se deben de contar, por las experiencias vividas y por los regalos sexuales que te hace tu mujer.

Su cara fue un poema. En ese momento se dio cuenta de lo tonto que fue. Ella siempre irá por delante de él.

Gilda FLawan

18 comentarios en “La decisión”

  1. En este caso, quizá ella también necesitaba de otros hombres pese a su experiencia. Hay egoísmo por parte de él. La pareja debe establecer sus propias normas, y….. si se han de saltar esas normas, primero hablarlo, para no herir al otro y perder a al otro. En este caso ella debía saber por su boca lo que iba a pasar, ella tambien tenía que sopesar el tema y decidir

  2. Que buena lección de vida. Cuando el amor es verdadero, siempre perdura, pase lo que pase. Nadie es propiedad de nadie y este relato es una enseñanza en toda regla. Muy bien relatado y narrado. Me ha encantado. Enhorabuena !!!

  3. Me ha gustado mucho Gilda! Es cierto que para mí, en la pareja, hay muchas cosas que van de la mano, y me costaría mucho separarlas, de hecho, estoy segura de que influiría a la pareja negativamente.
    Del mismo modo, me parece totalmente respetable, el ser capaz de hacer algo como lo que hace Isabel, porque aunque suene raro: ¿es una manera de respetar la necesidad de su marido,no?
    Me quedo con el final: » Por la vida, por los sentimientos, por las cosas que jamás se deben de contar, y por las experiencias vividas».
    Yo no sería capaz, pero si lo eres y no te afecta… ¿por qué no? 😉

  4. Hola Gilda, es un tema delicado para opinar porque cada uno lo hace desde su propia vivencia y normas.. y todas son válidas. Particularmente prefiero nunca juzgar las desiciones ajenas.. Cada dia me gustan mas tus relatos, cada vez los siento mas. Enhorabuena y besitos

  5. Hola Gilda Flawan, de nuevo darte la enhorabuena por este relato que nos habla de la vida, en este caso, la de pareja.
    Pues tan simple y sencillo como hablarlo todo y consensuar todo lo que a la pareja (a los dos) les suponga un beneficio juntos. Es como beber vino a menudo, si uno lo disfruta y el otro no, seguro que más tarde o temprano es un problema para ambos; en cambio, si a los dos les gusta, será un placer seguro.
    Y desde luego nunca jamás se debe hacer nada a escondidas de tu pareja, si quieres ser honesto con ella y conservarla. Para eso y todo lo demás se tiene pareja, sino mejor estar sólo.
    El sexo compartido y dedicado al máximo en pareja, y no sólo para uno mismo, sino para el disfrute de tu pareja también, es desde luego buen sexo, seguramente el mejor.
    Así pienso yo….
    Un abrazo enorme!. Y… a difrutar del buen… vino!! 😉

  6. Amiga, no he tenido tiempo de leer tu cuento en su totalidad. Sin embargo puedo decir algo: Cuida el exceso de adjetivos y revisa el uso de las comas, pues a veces fraccionan el ritmo de la oración. Sabes que no acostumbro aplaudir tus cuentos, sino más bien señalar lo que a mi juicio debes mejorar. Creo que eso ayuda más. Un abrazo.

  7. Creo que es una decisión bastante difícil, no me gustaría estar en su lugar, no sé qué haría🤔🤔🤔🤔, pero el relato me ha encantado, sigue así, eres genial😘😘😘

  8. Interesante relato. Es un tema controvertido y no debe ser fácil tomar una decisión. Cada pareja y cada situación es diferente y solo uno sabe lo que está dispuesto aceptar y lo que no.
    Muchas gracias por hacernos un poco más allá de lo rutinario.
    Es un placer leerte, como siempre.

  9. Lo que pasa dentro de una pareja, solo les incumbe a ellos dos. Y en este caso, la decisión que toma para hacer a su marido sentirse completo es muy respetable. Yo, a día de hoy, tal vez no lo haría, pero eso es decisión mía y es igualmente respetable. Muy buen relato con un final que pintaba otra cosa y ¡¡tachán!!. Genial 👍🏻👍🏻

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