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Sala Nº 3

Introducción: Es curioso como la vida de una  persona puede cambiar en un segundo ¿verdad? Este es el caso de los protagonistas del cuento de hoy.

Esta vez, me he atrevido con algo diferente. Sí. Jamás hubiera pensado que escribir en este estilo pudiera sentirme cómoda. ¡Lo veía tan difícil! Sin embargo, para poder comprobar si era posible, he tenido que lanzarme.

Aquí os presento mi nuevo reto: Sala Nº 3. Ya me diréis en vuestros comentarios, si sigo este estilo o cambio.

Disfrutad.

 

SALA Nº3

Sochu estaba en el trabajo, cuando en su móvil le salió una notificación: “comprar entradas” «Es verdad. Hoy es el día del espectador. Toca sorprenderle»—suspiró, mientras abría la aplicación.

Ya dentro, buscó sus asientos favoritos: Fila 12, butacas 7 y 8. «No lo dudes y hazte con ellas» Así lo hizo. Una sonrisa indicó que la compra había sido correcta. Se sintió feliz, ya que esta vez sería ella quién le iba a sorprender. La sonrisa de su cara se la borró, cuándo un escalofrío recorrió  la parte superior  de la cabeza. El móvil cayó de sus manos,  el propio ruido la hizo reaccionar. Sacudió su cabeza como lo hacía siempre su perrita Kala.

Gracias a esa sacudida, su cuerpo poco a poco volvió a su estado normal. Se sentía rara, pero siguió con su plan. Buscó de nuevo el móvil y decidió mandar un WhatsApp a su marido.

Hoy toca cenar solos. Nos vemos directamente allí. ¿Sabes qué día de la semana es? Te quiero.

Puso el móvil en silencio, porque sabía que Javi le mandaría como mínimo siete mensajes haciendo preguntas. No le gustaban las sorpresas, tenía que tener todo controlado. Sin embargo, a Sochu le encantaba sacarle de su área de confort y darle algo de alegría a su día a día.

Los mensajes de Javi no se hicieron esperar, no obstante, esta vez no fueron siete, sino quince. Al ver que ella le ignoraba, decidió dejarlo. Ya se vengaría.

A las seis de la tarde, Sochu desde el trabajo le mandó la ubicación del restaurante donde le invitaría a cenar. Esta vez, iba acompañado de un texto:

Cariño, déjate llevar y disfruta de estos momentos. Nunca sabrás cuándo será el último. Te quiero.

Desde el último mensaje, ninguno de los dos volvieron a ponerse en contacto. Todo estaba en el aire. ¿Acudirá Javi a la cita? Se preguntaba ella.  Para averiguarlo, debía de acudir al restaurante y esperar.

 Apenas quedaban cinco minutos para que llegase Javi, y ella estaba con una copa de cerveza bien fría esperando a su marido. De vez en cuando miraba de reojo, pero no le veía venir. En una de las intentonas, comprobó como hacía acto de presencia por la parte derecha del bar. Sin reaccionar y haciéndose la dura, siguió leyendo en su móvil.

-Bueno, ya veo que estás bien acompañada.- Le dijo mientras se acercaba a darle un beso.

-¡Ah! ¿Lo dices por la súper cerveza fría que me estoy tomando? –Le guiñó un ojo. ¿Te pido una igual? –Mirando al camarero mientras le estaba haciendo un gesto con la mano.

-Claro, ¿por qué no? Me encanta disfrutar todo contigo, aunque nunca sepa que me voy a encontrar. —La regaló una sonrisa muy picaresca.

Ambos con la cerveza en la mano, brindaron por la vida y por las sorpresas que les quedaban por experimentar.

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Durante la cena, ella le habló de una isla que había encontrado en Internet y que la había llamado la atención. Estaba en Italia y se llamaba Poveglia. En el siglo XX, la isla fue convertida en un hospital  psiquiátrico para personas de avanzada edad. Después, fue abandonado en 1960 y no ha sido utilizada desde entonces, aunque hay planes de reconstruirla, quizá, en un hotel de lujo.

A Javi este tipo de noticias no le interesaban en absoluto, por lo que la ignoró por completo e hizo que cambiara de tema. A Sochu le enfermaba cuando él hacía eso, pero comprendía que en esta ocasión era por pura venganza. Lo dejó pasar.

Tras la cena, ella le llevó a la entrada del cine. Al comprobar la película que ella había elegido, la abrazó de la cintura y la besó con todas sus ganas. –Luego te lo compensaré en casa.-Le susurró al oído.

Ya sentados en sus butacas favoritas, poco a poco las luces fueron apagándose hasta dar paso a los anuncios y trailers  de  otras películas. Cómo un niño de ocho años, cada vez que veía una película de las suyas, con su mano derecha le daba pequeños golpes en la pierna izquierda de ella y le decía: esta también, cari, esta también. Las reacciones de su marido le encantaban. Disfrutaba verle así, por eso, necesitaba sorprenderle una vez al mes.

—¡Por fin! Ahora toca disfrutar de la tercera parte de  la saga. —le dijo en voz baja a Sochu, mientras le daba un beso.

La televisión de la sala tres que tenían fuera de las salas, indicaba que la película había terminado hace diez minutos y nadie había salido. ¡Qué raro! Pensó la mujer de la limpieza. Al comprobar que las puertas seguían cerradas, se acercó para cerciorarse que la película había terminado.

Una vez dentro y con las luces encendidas en la sala, se quedó atónita por la escena que acababa de descubrir. Salió corriendo y a gritos llamó al supervisor. Al escándalo de la mujer, el resto de los empleados la seguían y otros iban a la sala. Según iban entrando y veían con sus propios ojos lo sucedido, eran incapaces de articular palabra. Ahora eran ellos los protagonistas de una película.

Diez minutos tardó la policía en llegar al cine. La presencia de los agentes Calleja y Bilbao, tranquilizó algo más a los empleados. La sala había sido cerrada por orden del gerente del cine y dentro de ella, estaba el encargado.

Según entraron los agentes y vieron la escena, no dieron crédito. Ambos se miraron sin entender nada. Él, le hizo una seña y salieron de ella. En el lado opuesto de los trabajadores del cine se pusieron hablar:

—Tenemos que pedir ayuda. Esto se nos va de las manos.

—Es brutal. ¿Qué ha podido pasar? ¿Has oído algún caso similar en algún sitio?

—Nunca.  Voy a llamar a la central y que gestionen todo con la máxima prioridad. Primero pediré ambulancias, necesitamos saber en qué estado están todos los de la sala. Me aseguraré de que no se entere la prensa aún. Primero necesitaremos saber algo. Estamos jodidos, Maite, muy jodidos con este tema.

—Sí lo estamos, Martín, pero saldrá todo bien. Me voy a la sala mientras tú haces las llamadas.

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Comenzaron a llegar las primeras ambulancias. Al ruido de las sirenas, los chismosos se acercaron a las puertas del Centro Comercial. A los cinco minutos de estar allí, la policía se vio obligada a despejar las entradas entre la multitud. El altercado se había filtrado y la gente estaba deseosa de saber que estaba pasando. La excitación de los espectadores de la calle, hizo que las redes sociales estuvieran onfire. Collado Villalba fue tendencia en Twitter.

Javi se despertó y tenía mucho dolor de cabeza. Miró la pantalla y la película no estaba. ¿Qué ha pasado? Al preguntar a su mujer, vio que ella no estaba a su lado, no entendía nada.

A todos los que estaban en la sala, les pasó lo mismo. En un intervalo de quince minutos, los 195 asistentes comenzaron a despertar aturdidos y algo mareados. En todas las filas del cine, se comenzaron a escuchar las mismas preguntas ¿Qué ha pasado? ¿Qué hace la policía aquí? ¿Por qué nos miran así?

Javi aun mareado se levantó y comenzó a llamar a su mujer a gritos. –Seguro que está en el baño. —Se dijo consolándose.

Los agentes Calleja y Bilbao, decidieron ponerse justo debajo de la pantalla, para poder dirigirse a todos. Era tal el murmullo de desesperación en la sala, que se vieron obligados a dar varios gritos para hacerles callar.

—Hola a todos. Somos los agentes Bilbao y Calleja de la Guardia Civil de Collado Villalba. En primer lugar, deciros que afortunadamente todos están a salvo. Cuándo hemos llegado, todos y digo todos, estaban dormidos en sus asientos. No podemos darles más detalles de lo sucedido hasta hablar con cada uno de ustedes. Como comprobarán, el asunto es extraño y no sabemos con qué objetivo han sido ustedes las víctimas, pero nuestro deber, es averiguarlo lo antes posible.

Javi no dejó continuar al agente Calleja y desde la última fila gritó pidiendo su intervención.

—Agente, agente, mi mujer ha desaparecido. No está conmigo. —Se puso a llorar.

—¿Perdone? —Miró incrédulo el Sargento.

—Lo que ha oído. Mi mujer no está en la sala y hemos venido juntos. Se llama María Jesús Galindo.

La agente Bilbao subió inmediatamente para tomarle los datos. Mientras ella estaba con él, comenzaron a escucharse en toda la sala murmullos con las mismas preguntas ¿dormidos? ¿Y por qué nosotros? ¿Esto es una broma verdad?

—No, no es una broma. Ya nos gustaría que fuera así, pero no lo es. Por ese motivo necesitamos la colaboración de todos. Les ruego que miren si tienen todas sus pertenencias. Si a alguien le faltara algo, que nos lo comuniquen de inmediato.

En breve llegarán los servicios sanitarios y serán auscultados por ellos. Si todo está correcto, les dejaremos marchar. Antes pasaremos a solicitar todos sus datos y tomarles declaración.

Javi con mucho  dolor de cabeza y con un ligero mareo, intentaba contestar a todas las preguntas de la agente. A veces rectificaba las respuestas, ya que al seguir aturdido, hacía que no estuviera seguro de las cosas. Aun así, la agente apuntaba todo.

Con ayuda de más agentes, en dos horas, todos los asistentes habían sido preguntados y auscultados. Las contestaciones eran las mismas. Lo único que recordaban era estar en la sala y despertarse con dolor de cabeza. Eso era lo único que tenían los agentes.

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Antes de dejar salir a todos, les indicaron que bajo ningún concepto hablaran con la prensa y se mantuvieran en silencio sobre lo ocurrido. El asunto era muy grave, ya que se había producido una desaparición y el caso pasaría a estar bajo sumario.

—Quiero que tengan toda la precaución posible, no sabemos si los que han urdido este plan, han podido llevarse sus datos, por ese motivo, es muy importante que no hablen con nadie, solo con nosotros. Si recuerdan algo, lo mínimo que sea, por favor, nos llaman. —concluyó el agente Calleja.

De uno a uno y con mucho miedo en el cuerpo abandonaron la sala.

¡Por fin! Los agentes se quedaron a solas con Javi.

—Sr. Pagán ¿verdad? –Mirando el DNI de Javi.

—Sí, sí. —Sin levantar la  cabeza.

—Mire, tenemos que comprobar muchas cosas, ya que la única persona que ha desaparecido ha sido su mujer, según nos ha comentado.

—Sí, eso mismo les he dicho. ¿Qué pasa, que no me creen?—Le contestó muy mohíno.

—Sí, claro. Tiene que entender que es nuestra obligación tener que hacerle preguntas. Mi trabajo en estos momentos es averiguar todo lo posible, para saber dónde está su mujer.- El agente le explicó con suavidad.

—Ya. Imagino que será así, pero mi mujer ha desaparecido. El tiempo que dedique a saber  si yo tengo  culpa o no, ella podría estar sufriendo o  a saber qué coño la estarán haciendo. Pero no, usted siga haciendo su trabajo. —Le taladraba con su mirada.

—Entiendo cómo se siente. Ahora debe de irse a casa y comprobar si ella ha vuelto. Es posible que le intenten localizar por teléfono, si ha sido un secuestro. También tenemos que contemplar, que ella haya decidido aprovechar esta ocasión y se haya ido por su cuenta. Hay tantas posibilidades, que debemos ir descartando una a una.

Mientras el agente le estaba explicando los pasos a seguir, otro se acercó y le dijo algo al oído. Sin decir absolutamente nada a Javi, se dio la vuelta y bajó corriendo las escaleras del cine. Antes de girar para salir de la sala, se cercioró  que Javi no le seguía.

A los cuatro minutos, el mismo agente hizo llamar a Javi. Este con el corazón en un puño, bajó las escaleras lo más rápido posible, mientras se estaba esperando lo peor. «¿Estará muerta? ¿Por qué me ha mirado antes de irse? ¿Pensarán que he sido yo? O simplemente me llaman para identificar el cadáver de mi mujer. ¡Dios mío! Me duele el corazón».

Le quedaban apenas cinco escaleras para llegar a la altura del agente y  Javi comenzó a sentir un punzante dolor en el pecho. Como pudo, intentó bajar otro escalón, pero comenzó a marearse. Sintió tal presión en el pecho que el dolor invadió su cuerpo. De inmediato, sus manos se apoyaron en el corazón e indicó al agente Calleja que algo no iba bien. Con su mano derecha, indicó al sanitario que corriera y atendiera urgentemente a Javi.

En cuestión de segundos, le faltó  el aire y comenzó a sudar. Se sentía de nuevo aturdido y su cabeza  comenzó a jugarle una mala pasada. Sin saber cómo, lo siguiente que vio fue cómo estaba cayendo por las escaleras dando vueltas entre ellas. Le estaba dando un infarto.

Continuará…

Gilda FLawan

34 comentarios en “Sala Nº 3”

  1. Hace tiempo que no voy al cine y me encanta . No sé en qué quedará este relato pero lo que sí tengo claro es que me voy a acordar de él cuando vuelva a entrar en una sala.
    Quiero más!

  2. Diossssssss Gilda es buenísimo!!!! Este estilo te va al pelo, me está flipando y se me ha hecho muyyyy corto. Cuando leo, y lo que leo me atrapa, intento leer cada vez más rápido para saber lo antes posible qué es lo que pasará. Pues esto mismo es lo que he hecho con Sala N° 3, leer como una bala!!!!, y más siendo Javi el protagonista 😉, y encima infartado… Madre mía, qué tensión!!!
    Bueno, me voy a tomar una tila, y a intentar ser paciente hasta el próximo sábado (a ver si puedo 😵).
    Besazos!

  3. De nuevo lo has vuelto a lograr Gilda, nos has atrapado en este tan inquietante relato.
    La verdad, espero que esta vez nuestro protagonista Javi tenga un corazón fuerte muy fuerte, ya que todo parece llevarle a un incierto e inquietante desenlace que como bien adviertes, puede cambiar su vida en un segundo, uno de los que tal vez marque su camino y el de su amada Sochu y que seguro hará que su futuro sea espeluznante. Esperemos que Javi esté a la altura de tan inquietante destino.
    Que ganas de más….
    Enhorabuena de nuevo por el relato y sobre todo la elección del elenco 😉.

  4. Estoy deseando de leer el desenlace , me has dejado totalmente intrigada. A ver si el agente calleja es capaz de darle una respuesta a Javi que esperemos su corazon aguante tanta tension.
    Me pensare lo de ir al cine a partir de ahora,

  5. Jajajaja
    Esto está muy bien, pero te digo una cosa, espero que esto acabe bien porque a este paso Sochu acaba con el pobre Javi.
    Enhorabuena!

  6. Si ya no me gusta ir al cine… ahora incluso me lo pensaré más, me has tenido en espectativa hasta el final y para variar continuará…
    Que ganas de saber qué ha pasado, tengo varias opciones….a ver si alguna acierto…

  7. Esther Fernández

    Cuantos interrogantes por delante hasta llegar al desenlace, me dejas muy intrigada y con muchas ganas de saberlo todo. Has hecho un buen relato en el que nos vas metiendo en la historia poco a poco hasta hacernos sospechar que algo muy desconcertante va a suceder, y así ha sido, pero…, qué es? Deseando saberlo, Gilda, muy bueno. Felicidades.

  8. Que emocionante, pobre Javi, saldrá de ese infarto? Y su mujer.? Porqué es la única que desaparece…?Algún personaje maligno salió de la pantalla? Jajaja , bueno esperando que nos sorprendas aún más. 😱😘😘😘

  9. Sin palabras, Gilda. La historia está genial y te mantiene en vilo hasta el final, como tú muy bien sabes hacer.
    Creo que voy a pensármelo un poco más la próxima vez que vaya al cine… Tengoo muchas ganas de más. Sigue, campeona, sigue 😍♥️

  10. Pero… porqué siempre que llega lo mejor, nos dejas en ascuas??? Bueno Gilda es así, nos compensará con su continuará de eso estoy segura….

  11. Menuda historias que has creado Gilda. Me encanta todo. Soy un gran aficionado al cine y hace muchísimo tiempo que no voy así que he vivido el relato de una manera muy personal. Está genialmente construido, los momentos de tensión muy logrados, la intriga no deja de crecer,…
    Me ha encantado que no contaras lo que la limpiadora había visto en la sala hasta la mitad del relato, ha sido una muy buena forma de mantener la tensión y tener al lector en vilo. Veo que manejas los tiempos a la perfección y nos vas llevando dónde quieras. En definitiva me has creado un cúmulo de emociones que me han hecho disfrutar de tu historia a lo grande. Ahora quiero la segunda parte pero ya. Enhorabuena por el texto porque es una pasada de relato. Tal vez, uno de los que más me gustan tuyos de los que he leído. Un abrazo.

    1. Gracias, compi. Pues no me veía yo muy bien con este estilo, pero haré lo posible para que tenga el final que se merece.
      De verdad, mil gracias por la descripción del relato y darme ánimos de compi a compi de letras. Un beso.

  12. Gildaaa llevaba tiempo sin leerte y me has atrapado, me gusta cuando leo y vivo el relato.. jejeje qie bueno que hay ya una segunda parte… a por ella.. y enhorabuena!!!

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