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Sostella

Introducción: Hay momentos en la vida que nunca sabemos por quién estamos rodeados. Cuando el cuerpo de un ser humano muere, muchos dicen que su energía se queda entre nosotros. Si la muerte ha sido involuntaria, la leyenda dice: «Ellos harán todo lo posible para  que su alma descanse» ¿Verdad o mentira?

Personalmente, no seré yo quién os de esa respuesta. Los personajes que han querido salir de mi mente, han optado por esta historia y me han creado esta duda. Espero que vosotros seáis capaces de darme la respuesta.

Abrid bien los ojos, preparad vuestra mente y tened mucho cuidado con los refraes que utilizamos en nuestro día a día, porque todo tiene sentido. Según terminéis de leerlo, decidme qué refrán os viene a la memoria.

Ahora sí. Aquí os presento mi nuevo cuento. Espero que lo disfrutéis mucho.

 

 

SOSTELLA

La familia Sandro-Pérez, era la quinta vez que se mudaban de casa. Esta vez se quedaron dentro de su país. El pueblo se llamaba Roncausto.

Era un pequeño pueblo pesquero. No vivía mucha gente, sin embargo, era muy cálido y acogedor.

La familia tenía dos hijos, Carlos  y Rodolfo. Los nombres eran en memoria de ambos abuelos. A los niños no les gustaba nada, pero tenían  sus propios nombres. Sus padres no lo sabían y les encantaba tenerlos engañados.

Cuando llegaron a la casa nueva, se quedaron hipnotizados solo con ver su exterior. La casa irradiaba encanto a borbotones, hizo que los cuatro quedarán hechizados.

Sin apenas decir una sola palabra, Miguel padre, abrió la puerta de la casa, donde encontraron un majestuoso hall. Había tanta luz que parecía otra casa a la que habían visto en la web.

Los chicos salieron corriendo por toda ella para elegir habitación. Carlos de cuatro años, se quedó con la habitación verde y Rodolfo de ocho años, eligió la habitación azul.

Pasado unos meses y ya habituados a todos los ruidos que les ofrecía la casa, Carlos, comenzó a decir a su madre que, todas las noches hablaba con una nueva amiga. Era una niña que vivía en esa casa y justo esa era su habitación.  Todas las noches jugaban a cambiar todos los muebles de la habitación, pero lo que no movían nunca era la mesa de escritura. Su madre ignoró lo que su hijo le acababa de comentar. Pensó que eran cosas de su hijo.

Todas las mañanas antes de que su madre viniera a despertarle, corrían por toda la habitación a dejar todo colocado. Sabían que, si ella les escuchara o les pillara, su juego se acabaría por completo.

Una noche Carlos sin venir a cuento le pregunto lo siguiente:

 —Niña ¿Por qué solo puedo verte yo?

—Porque estoy muerta y tú eres quién ha ocupado mi habitación.

—Y, ¿por qué estás muerta?

—Porque mi mamá me ahogó con la almohada.

—¿Y por qué lo hizo?

—Dicen que  se volvió loca al nacer yo. Me culpaba por haber nacido. Padre nos abandonó, porque dejó de ocuparse madre de mí y un día después de laborar ya no volvió

—¿Laborar? ¿Qué es eso?

—No sé, eso lo decía mucho mi padre.

—¿Cuántos años tienes?

—Los mismos que tú

—Ah, por eso somos amigos.

—Sí,  pero nadie puede saber que yo existo.

—Vale, no se lo diré a nadie. Te lo prometo por mi juguete Lonti. -era su favorito. Se lo había hecho su abuela.

—¿Cómo te llamas?

—Me llamaba Sostella. No me gustaba ese nombre y me lo he cambiado por Ana. Carlos, la semana que viene será el día y necesito que me ayudes, ¿vale?

—Vale. ¿Seguimos jugando? —preguntó Carlos.

La semana transcurrió como siempre.  Juegos por las noches, risas y muchas confidencias entre ellos. Él jamás la había nombrado,  hasta que en la cena, su madre contó la historia de la casa.

Vanessa, la madre les contó, que 100 años atrás, la casa había sido habitada  por el médico del pueblo con su familia. La leyenda dice que él, los abandonó. En el pueblo cada uno cuenta una historia, pero la verdad nadie la sabe. Cuando tenía cuatro años, una noche el padre no volvió y la madre ahogó a su hija con una almohada. Nunca encontraron el cadáver de la pobre pequeña.

Toda la familia se quedó acongojada por la triste historia de Sostella, pero siguieron cenando como si no fuera con ellos.

A las doce y un segundo de la noche del día 6 de Enero, las campanas de la iglesia se pusieron a tocar. El pueblo ya estaba acostumbrado a esto, pero ellos no. No entendía el motivo, pero volvieron a dormirse.

Carlos, sin embargo, estaba más eufórico que nunca. Comenzó a dar golpes y golpes a la pared.  Con un palo que ella le había proporcionado, comenzó a derrumbarla.

Tal era el ruido que estaba haciendo, que  sus padres fueron corriendo a ver qué pasaba. Cuando abrieron la puerta de la habitación, lo que se encontraron, hizo que la madre se desmayara.

Inmóvil en la puerta, Miguel se encontró a una niña cadavérica, dando golpes a una pared. Ella miró fijamente al padre y con una media sonrisa entre los huesos de la mandíbula, prosiguió con los golpes.

El vestido que llevaba puesto, era el mismo camisón que cuando su madre la asesinó. Los harapos le produjeron vómitos al padre, pero lo que más le provocó miedo, fue no ver a su hijo.

La escena era dantesca. Vanessa desmayada en el suelo, una cosa cadavérica intentando romper una pared y su hijo que había desaparecido. Y lo peor era que él estaba totalmente inmovilizado. Algo le impedía moverse.

Tras visualizar de nuevo dentro de la habitación, pudo comprobar como la calavera andante le miró fijamente y le dijo:

—¿Quieres saber dónde está tu hijo?

Comenzó a tiritar solo de escuchar la voz de la calavera. No se lo podía creer, incluso llegó a pensar que era propio de su imaginación.

—Sí, por favor. Dime que tengo que hacer para recuperar a mi hijo.

—Fácil,  solo tienes que decirle a tu mujer que Carlos, no es su hijo. Debes contarle la verdad.

—No, eso no puedes pedírmelo,  la mataría de por vida.

—Tiene que saberlo porque sí  o sí,  el niño morirá mañana.

—No, eso es imposible. No puedes hacernos esto. Si eso fuera cierto, ¿por qué debería decírselo?

—Sencillo, debe saber la verdad.  Ahora déjame seguir con lo mío  y vete a dormir.

Miguel se despertó de golpe y salió corriendo hacia la habitación de su hijo. Nada más abrir la puerta, comprobó que el pequeño estaba durmiendo en su habitación.  Se tumbó junto a él y se quedó toda la noche abrazado a su hijo.

A las seis de la mañana, le despertó un rayo de luz que entraba por el único agujero que se había quedado sin cerrar de la persiana.  Se asustó al ver que su hijo no estaba en la habitación.

Corrió por toda la casa y nada, Carlos había desaparecido. Despertó a toda la familia y juntos comenzaron a buscar entre los muebles, armarios, debajo de las camas, despensa, en todos los sitios, pero Carlos no apareció.

A las dos horas, la policía estaba en su casa haciendo todas las preguntas sobre la desaparición del niño.

Contaron todo lo que había pasado, y, sin embargo, él no contó lo que vio.  Los agentes se miraron entre ellos al escuchar lo de las campanadas de la iglesia a las doce de la noche, pero no dijeron nada.

Después de dos horas de estar en casa de la familia, dieron orden de búsqueda del pequeño por todo el pueblo.

Tres días de búsqueda y Carlos sin aparecer. Los padres estaban tan desconsolados que, ya no querían ver a nadie del pueblo, solo querían que su hijo apareciera.

Era muy tarde y el sol comenzaba a retirarse de la ladera de su casa, dando cabida a la luna. Esta vez tocaba luna llena. Brillaba tanto que  podían ver cómo el reflejo se posaba sobre el poyete de cada ventana de la casa y dejaba dibujada una media sonrisa.

—Eres un cobarde, has permitido que tu hijo muriera por no contar a tu mujer la verdad.  Pero esto no se quedará así.  Todo el mundo sabrá tu secreto.  Dejarás de ser un padre ejemplar. Eso sí,  no podrás hacer nada para evitarlo. Ahora sigue durmiendo, porque mañana será el gran día—.

Intentó levantarse, pero no podía.  Era como si alguien le estuviera sujetando.

A la mañana siguiente, unos ruidos despertaron a la familia. Los tres corrieron a la habitación de donde se producían dichos ruidos y al abrir la puerta, los tres comenzaron a gritar.

Sostella, la cadavérica estaba tirando una pared con un pico. Por cada golpe que daba, cuatro ladrillos iban cayendo al suelo. La madre ordenó a su hijo Rodolfo que corriera todo lo que pudiera y que se pusiera a salvo. No obstante, le ordenó que llamara a la policía.

Una fuerza sobre ellos impedía que ambos pudieran entrar, ya que ella debía de hacer lo correcto y ¿qué era lo correcto? …

Veinte minutos tirando pared y por fin se comenzó a ver cosas en ella. Los ojos de ambos se abrirán cada vez más, pero no  podían creer lo que estaban viendo. Era imposible.

Escucharon cómo llegaron varios coches de la policía y la madre bajó corriendo a abrirles. Cuando volvió a la habitación, ella ya no estaba. Era él, quien empuñaba el pico.

Seguía dando golpes y golpes hasta que dejó de hacerlo. De sus manos cayó el pico al suelo y este, se derrumbó de rodillas frente a lo que acababa de descubrir.

Los policías al ver la escena, se acercaron con mucho sigilo a la altura del padre. Lo primero que hicieron fue llevarse las manos a las bocas y mirar a la mujer. El más alto, salió corriendo hacia ella, para que no descubriera tal escena. El padre no paraba de llorar y solo se le escuchaba pedir perdón.

El policía sacó su móvil y sin dudarlo, hizo foto a todo lo que tenía frente a él. En ese momento se dio cuenta de que la realidad supera a la ficción. Justo enfrente de él,  pudo comprobar el cadáver de la que parecía una niña de cuatro años. Su gran melena por todo el cuerpo, recordaba a las momias. Estaba en vertical y muy bien colocada. A ambos lados de sus brazos tenía una madera alargada, haciendo que su pequeño cuerpo estuviera encajado. A su derecha,  encontraron el cuerpo de un recién nacido. Estaba tumbado en posición fetal. Pero solo eran huesos. Al lado del bebé, encontraron el cuerpo del pequeño Carlos. Estaba totalmente en vertical.  Iba vestido con el pijama y mantenía una ligera sonrisa. Era como si su cuerpo aún estuviera caliente, pero no, estaba muy frío.

Toda la pared estaba llena de cadáveres de diferentes niños. Cuerpos de todas las edades. Cuerpos que el padre había emparedado.

El policía llevó al padre a la comisaría para tomarle declaración de los hechos.  Según iba contando la historia, los propios agentes, no daban crédito de todo lo que estaban escuchando del propio padre. Era un auténtico monstruo.

Cuando nació su hijo Carlos, nació muerto.  El no lo dudó y pegó el cambiazo en el hospital. Al ser ginecólogo tenía acceso a todas las instancias y jamás iban a sospechar de él. Le dio tal subidón de haber hecho algo ilegal y que no le pillaran que decidió ir matando a los niños que no le gustaban y les cambiaba por otros.

Así estuvo cuatro años, y la mejor manera era esconderlos en las paredes de toda la casa. La casa  la adquirió hace cuatro años, pero nunca dijo a su mujer que era de su propiedad. Tenía que tener un sitio donde no llamara la atención y poder seguir con su nuevo vicio.

La sorpresa se la llevó,  cuándo sin darse cuenta, allí habían hecho lo mismo con Sostella, la niña desaparecida hace cien años. Eso le llevó a su perdición.

Ya cuándo se le llevaban esposado tras su declaración, se dio la vuelta y con los ojos inyectados de sangre, miró al policía y le dijo con voz de la cadavérica:

Lo mejor queda por llegar … Ja, ja, ja.

 

Gilda FLawan

40 comentarios en “Sostella”

    1. Qué tensión!!! Macabro , pero muy bien llevado para invitar a seguir leyendo.
      Me ha gustado la imaginación empleada en un tema tan sensible como es la de matar a un niño.

  1. Me encantan tus «misterios». Nos mantienes pegados a la lectura, esperando algún giro inesperado, que seguro va a estar ahí. No te puedes esperar nada estándar, siempre hay algo que sorprende y te hace pensar. Buenísimo relato, cargado de suspense. Un estilo único y sensacional.

    1. Me encanta tu comentario. Es cierto que aún viviendo conmigo, has querido mantener el misterio de los relatos cómo todos, esperando los sábados a recibirlos. Gracias por lo que haces. Un besazo.

  2. Patricia, la rubia

    Que bueno! Me he quedado con ganas de más, lo que me gusta un misterio. Buen final inesperado. El refrán para mi sería, bueno más que refrán el dicho…. Las apariencias engañan. 👏👏👏👏

    1. Patricia, mil gracias por comentar. Me gusta saber que os gusta el misterio y sobre todo, poneros en situación. Tu segundo nombre es Ana, pero ya tendré tu relato con Patricia… y con mucha intriga. Un beso, rubia.

  3. Me encanta tu comentario. Es cierto que aún viviendo conmigo, has querido mantener el misterio de los relatos cómo todos, esperando los sábados a recibirlos. Gracias por lo que haces. Un besazo.

    1. Quien nos iba a decir que Carlos era tan malo, 😳😳😳😳, me he quedado de piedra, siempre sorprendiendo, me encanta, sigue así, eres genial😘😘😘

  4. Madre mía me he quedado enganchadísima desde la primera palabra!!! Sin parar de leer, no podía dejarlo, y alucinada por el ritmo vertiginoso. No paras de sorprendernos, me súper encanta.

  5. Hola Gilda, el relato es genial y espeluznante a la vez. Enhorabuena de nuevo.
    A mí me sugiere el siguiente refrán:
    «La mentira y la verdad nunca pueden vivir en paz».

  6. Vaya, vaya… Me has dejado con la boca abierta… Y al final, como siempre, ese giro que no esperas!! Enhorabuenisima Gilda!! Me ha encantado!
    Y el refrán: «Es del hombre condición, como del cabrito, o morir muy pequeñito, o llegar a ser un cabrón». (Con perdón 🙊).

  7. Y como dicen colorin colorado ….madre mia que yuyu…no hablaras en sueños!! ya me imagino a uno ojiplatico!!
    No pares …sigue…sigue.

  8. BRUTAL GILDA, BRUTAL. Me he quedado a cuadros, impresionante, menudo giro. Como siempre, mantienes la intriga hasta el final y no decepcionas.
    El refrán que se me ha venido a la mente es «mala hierba nunca muere». ¡Con ganas de leer más!

  9. Seguira? me he quedado con la intriga.
    A donde puede llevar una mentira es increible. Pero el tiempo de una manera o de otra y a veces a traves de formas extrañas como ocurre en tu relato acaba sacando a la luz la realidad.

  10. Hola, Gilda, me ha gustado mucho tu relato, te atrapa inmediatamente y no puedes dejar de leer. Felicidades, y esperando el siguiente ya. Besos

  11. Vaya relato más macabro. Me tienes acostumbrado al misterio y a lo inesperado en tus letras pero aquí me has mantenido pegado al sillón leyendo y disfrutando de esta fantástica historia. Está genialmente llevada, tiene un ritmo brutal y los giros que vas dando te van dejando cada vez con la boca más abierta. Lo he pasado genial con tu historia, está tan bien redactada y tan bien escrito que no podía dejar de leer. Enhorabuena te salió un relato excelente.

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