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Los peces

LOS PECES

Basada en un  historia real, la mía.

 

Son las doce  de la mañana y me acabo de levantar. Miro mi reloj y compruebo que apenas he dormido seis horas. Me duele todo el cuerpo. Miro hacia la pequeña ventana de mi habitación y veo que la persiana está subida. ¡Qué raro! Siempre la bajo del todo.

¿Café o Cola Cao? Uff, ni una cosa ni la otra. Me voy a la nevera para ver qué que hay. Según la estoy abriendo, mi mente me traslada a la tortilla de patata que había hecho mi madre el día anterior y noto cómo estoy salivando. ¡Por Dios que hayan dejado algo! ¡Bingo! Grito en alto y me pongo a dar saltos de alegría como una niña pequeña.

Justo en ese momento escucho “ding dong” ¿En serio? Salgo de mala gana a abrir la puerta y me encuentro a mi vecina María con una gigantesca sonrisa.

Lo primero que me llama la atención es, una pecera redonda acristalada entre sus manos y dos cosas dentro de ella que no paran de moverse. En su brazo derecho cuelga una bolsa blanca de la tienda de la esquina “La Manoli” el “la” se lo pongo yo, porque debería de haber puesto a la tienda “La cotilla del barrio”.

—Hola Laura ¿Te acuerdas que habíamos hablado que te iba a dejar a mis peces una semana? —poniendo cara de “acuérdate por tu madre”. —Sí, sí, claro. —contesté.

Comienza hablar de cosas que no entiendo y yo no paro de mover mi cabeza de arriba abajo, mientras mi mente solo está en la tortilla.

Leer  El milagro

Tres días la pecera en mi habitación y junto a ella, dos botes que apestan. «¿Tendrán que comer no?» Pues yo voy a echarle de los dos. Como no sé  la cantidad, «mejor que sobre que no falte». Hay  un momento que no veo a los peces, solo veo  cosas flotando por el agua. ¡Qué poco comen estos bichos! ¿El agua se les tiene que cambiar? Imagino que  sí, me vuelvo a decir a  mí misma. Me dirijo al baño y  solo se me ocurre volcar el agua en el lavabo… De repente veo desaparecer a Tom o Jerry, da igual, uno de los dos se ha ido por el agujero, mientras que el otro no para de bailar al son del movimiento del agua. Corriendo intento salvarle y por fin le siento entre mis manos. Pongo a “ToJer” en la pecera y me siento en el suelo. Después de cuatro minutos, me doy cuenta que está sin agua. ¡La virgen! A otro que me cargo…

Al día siguiente abro un ojo y veo flotando en la superficie al superviviente. ¡Dios! ToJer no se mueve. Madre mía, no se mueve, no se mueve… no paro de gritar. Enseguida le  meto en la bolsa de “La Manoli” y me voy a buscar a unos gemelos.

Presto mucha atención a las indicaciones del vendedor y me entero de que los peces comen muy poco.¡Manda narices!

Esta vez soy yo quien llama a la puerta de mi vecina y le pongo la gigantesca sonrisa, al  ver que no se da cuenta de que “no” son sus peces.

 

Gilda FLawan

32 comentarios en “Los peces”

  1. Pobre Tom O Jerry però quizá aún nada por alguna alcantarilla..
    Y 2 Anécdotas para el relato, cuando he visto el título he pensado a que escribe sobre el villancico… Pero no…
    Y otra, conozco este caso en la vida real, no lo tiró por el desagüe pero si se le rompió la pecera cuadrada y cuando volvimos de vacaciones era redonda.
    Estaba pensando que una vez mi marido ( buf, nunca hago servir esta palabra, me suena raro)y yo fuimos a Madrid y conocimos a una pareja espectacular y les dejamos un trocito de algo para que lo cuidaran y lo fueran manteniendo y hacerlo crecer allí, sólo espero que lo cuiden mejor que tú a los peces. Hahaha

    .

    1. ¿Marido? Pues si que te hace cambiar mis relatos. Jajaja. Sí, esta también es real. Para cuidar plantas, animalitos así, son pésima.
      Sobre lo de Madrid, creo que sigue vivo, mejor dicho, muy vivo y solo lo sabrás si vienes nuevamente. Un besazo, reina.

  2. Pues aquí, querida mía, son casi las tres de la madrugada, así que os prometo que durante el día escribiré algo sobre LOS PECES. Un saludo amiga Gilda.

    1. Hola, querido amigo: me encantaría que pudieras hacerles un pequeño homenaje a los pobres pececillos que hice desaparecer. Pero también hice que, dos nuevos disfrutarán en una buena familia. Gracias por contestar. Saludos.

  3. María Jesús Galindo

    Siempre he tenido peces desde niña. En mi estapa en la Universidad también tuve, Antonio y Melanie; y Gustavo que saltaba por las noches en su pequeña pecera redonda. Ahora tengo un acuario y me encanta cuidarlo, medir los niveles de nitrato y amoníaco, hacer los cambios de agua, observar como crecen las annubias donde se ocultan las crías; o como el pez payaso de agua dulce se come los caracoles que se reproducen a velocidad de la luz…
    Tu texto me ha recordado a Sandro, un periquito que me regalaron cuando hacía COU. No me dejaban tenerlo en mi habitación y lo tuve que instalar en la otra punta de la casa. Cuando llegó la época de exámenes me olvidé de Sandro y cuando me di cuenta ya no estaba conmigo. Mi amigo, me llamó de todo. Él me lo había regalado con todo su cariño. Además era azul, mi color favorito. Nunca se me olvida ese episodio de mi adolescencia. Tus letras me han evocado gratos recuerdos. Gracias.

    1. En mi casa tenemos un medio zoo… pero como comprenderás, yo ni me ocupo por el bien de ellos. Tenemos un acuario de agua salada y perfectamente sé de lo que me hablas.

      Hemos tenido una Lora «un Jaco de cola roja» espectacular. Imitaba mi risa a la perfección. Conectaba y desconectada la alarma y nos volvió locos. Mandaba WhatsApp y luego nos dábamos cuenta que era ella… en fin, son un mundo.

      Un beso.

  4. Ja ja cualquier te deja a ti la mascota para que se la cuides. Aunque por lo que veo a tu vecina le pones un canario en la pecera y tambien le vale.

  5. Jajajajajjaaj por favor!!! Bueno aquí le pega mucho aquello de que la voluntad es lo que cuenta… y tu sin duda le pones mucha!!!! jajajajajjajajaj

  6. Bueno Gilda, no sé en que momento tu vecina te dejó a sus peces… Creo que son los animales que más rápido fallecen. No sé como no te quedaste traumatizada.
    A mi hermano le regalaron un acuario enorme. Se marchó de viaje y me tuve que quedar a cargo de los peces. Se fueron muriendo poco a poco. Entendí en seguida que incluso los peces echan de menos a los seres que les cuidan. Tu texto no es dramático, pero me ha recordado a eso, a que echamos de menos a los seres que nos cuidan.

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